LA FORMACIÓN EN LAS EMPRESAS: ¿GASTO O INVERSIÓN?

Foto cortesía del Web Free Digital Photos
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En el artículo de hoy trataré un tema de cierta controversia, donde su valoración ha sufrido diversas interpretaciones en función de las variables, tiempo y contexto.

Cada vez se encuentra menos resistencia a considerar la formación en el seno de las empresas como una inversión, las organizaciones de éxito han cambiado esta visión, pasando de una consideración de gasto a etiquetarlas como una inversión.

Por lo tanto, es imprescindible realizar un análisis que nos permita visualizar y cuantificar el retorno de la misma para considerarla una inversión.

La formación exige a las empresas la utilización de una parte de sus recursos, ya sean económicos, materiales o humanos; por tanto, se requiere un análisis que nos permita visualizar y cuantificar el retorno de ésta por considerarla una inversión, ya que el primero que se visualiza es el gasto que se genera y no la rentabilidad que esta dará a media o largo plazo .

Hay que remarcar un error muy extendido, como es de concebir la formación como un recurso sólo al alcance de empresas con beneficios, ya que muchos entienden que la formación es un efecto de los beneficios, en lugar de una de las causas de los mismos.

En mi opinión, se debe ver con claridad meridiana la formación como  una inversión básica y necesaria desde el inicio de creación de una empresa, con el objetivo de mejorar y rentabilizar el negocio, sobre todo en un mercado dominado por la competitividad, donde se generan una demanda de nuevos conocimientos y habilidades de manera constante.

Pero no es menos cierto que, en épocas de ralentización económica o de crisis como la que vivimos, resulta frecuente que las empresas opten por proteger la rentabilidad recortando los gastos no fundamentales y reexaminando todas las categorías de costes no prioritarios para conservar su ventaja competitiva. De esta manera, se ven recortados si no eliminados por completo las partidas destinadas a la formación, volviendo a ver la formación como un gasto en lugar de una inversión, sin entender que es el verdadero motor de la productividad e incluso, el futuro de la supervivencia de la empresa.